La inteligencia emocional forma parte de la psicología de todo ser humano, y está presente en todos los ámbitos de nuestra vida, desde las relaciones personales hasta nuestra relación con el trabajo, los estudios o la sociedad. Aprender a gestionar nuestras emociones es un paso muy importante para lograr la madurez emocional y poder vivir de forma plena y tranquila.

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¿Qué es la inteligencia emocional?

La inteligencia emocional es la dimensión psicológica del ser humano, y podemos influir en el control y en la gestión de nuestras emociones y pensamientos. Nuestra inteligencia emocional determina nuestro carácter, nuestra actitud y nuestra forma de actuar ante los acontecimientos del día a día. Por otro lado, también nos ayuda a identificar las emociones de los demás y a mejorar nuestra relación con el entorno y las personas que nos rodean. Aprender a controlar nuestras emociones es una tarea complicada, ya que en muchos casos se ve influenciada por nuestra situación personal, familiar o laboral. Nuestras decisiones están fuertemente influenciadas por nuestro estado de ánimo, pues no siempre actuamos de forma racional. Tomar decisiones únicamente basadas en las emociones nos puede llevar a ser impulsivos y arrepentirnos más tarde. Por eso, es importante aprender a identificar qué sentimos y actuar valorando las consecuencias de nuestras acciones.

Cultivar nuestra inteligencia emocional nos reporta numerosos beneficios. Uno de los principales es que nuestro autoconocimiento aumenta y, por ende, somos capaces de identificar nuestras emociones y hacer frente a los conflictos de nuestra vida. Si actuamos de forma consciente, seremos capaces de no tomar decisiones impulsivas. Si padecemos de ansiedad, seremos capaces de hacerle frente de mejor forma, y nuestro desempeño personal y profesional mejorará. Las personas que gozan de una buena inteligencia emocional tienen más capacidades de liderazgo e influencia. Además, apostar por nuestra estabilidad mental también reporta beneficios a nivel físico: descansamos mejor y nos sentimos más activos. El estrés puede provocar desde pérdida de cabello y dolores intestinales hasta problemas cardiovasculares, entre muchos otros.

Los pilares de la inteligencia emocional

  1. Autoconocimiento y autoconsciencia. Como dueños de nuestra mente, tenemos que aprender a identificar nuestros pensamientos y reconocer aquellos que son perjudiciales para nuestra salud.
  2. Autocontrol y autoregulación. Reflexionar acerca del origen de nuestras emociones y actuar de forma consciente, sin dejarnos llevar por la ira, la tristeza o la desesperación, es otro de los objetivos que persigue la inteligencia emocional. Nuestras relaciones mejorarán, ya que serán mucho más estables y seguras y evitaremos situaciones influenciadas por sentimientos negativos.
  3. Automotivación. Nuestras emociones deben estar enfocadas a hacernos la vida más fácil y ayudarnos a lograr nuestras metas. Para una persona con una depresión mayor, levantarse de la cama y salir a hacer la compra puede ser todo un logro. Cultivar nuestras emociones nos ayudará a ser capaces de hacer el esfuerzo y salir adelante por nuestro propio pie.
  4. Empatía. La inteligencia emocional también se traduce en empatía y asertividad. Si somos capaces de identificar nuestras emociones también podremos entender las de los demás y, por ende, nuestra relación con el entorno será mejor.